El amor también fluye en el deporte y llega en el momento menos pensado

Existe historias de amor de diferente índole: entre colegas, compañeros de entrenamiento o entrenador con su alumna.

Por Manuel Quizhpe Lupercio

Los entrenadores de marcha y triatlón, Diego Heredia y Cecilia Fárez, cumplirán en abril dos años de enamorados.
Foto: Cortesía de Cecilia Fárez.

Diego Heredia y Cecilia Fárez fueron compañeros de secundaria, del primero al sexto curso en la Unidad Educativa Unedid. Entre los dos hubo una disputa sana por tener las mejores calificaciones, aunque al final él portó la bandera de Ecuador y ella la de Cuenca.

Después del bachillerato cada quien tomó su rumbo: Diego se matriculó en la carrera de Cultura Física en la Politécnica Salesiana y Cecilia, Administración de Empresas en la Universidad de Cuenca. “Esporádicamente conversábamos, en alguna reunión de amigos, una vez al año”.

Después dejaron de verse porque Heredia viajó a Mainz, Alemania (entre junio del 2014 y julio del 2015) para especializarse en atletismo. Regresó, volvieron a encontrarse y poco después otra vez salió del país para seguir un masterado de Investigación en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, en Murcia, España.

Después de retornar de Murcia, Diego y Cecilia empezaron a entablar diálogos más seguidos e intercambiaban ideas sobre el entrenamiento deportivo. Allí surgió esa cercanía y cupido se hizo presente. En abril próximo cumplirán dos años de enamorados e incluso tenían planes de matrimonio para este año, pero se pospuso para el 2022 debido a la pandemia.

Heredia es entrenador de marcha y carreras, cuyo mejor alumno es Óscar Patín, quien bajo su dirección fue campeón de los Juegos Olímpicos de la Juventud del 2018 en Argentina. Además, es catedrático de la Universidad Católica de Cuenca, lidera el equipo Endurance Runners y sigue un Doctorado en Ciencias de la Actividad Física y Deportes.

Fárez es entrenadora de triatlón y entre sus alumnos destacan Martín García, Paola Vega, Andrés Barrionuevo, Nancy Lojano y Renata Pesántez. Lidera el equipo de triatlón ‘Cris Fárez’, cuyo nombre es en homenaje a su hermana menor que falleció en su accidente de tránsito mientras se entrenaba.

Elizabeth Bravo y Francisco Tirado conviven todo el día entre los entrenamientos y su vida privada.
Foto: Tomado del muro de Facebook de Francisco Tirado

Como Heredia y Fárez, ambos de 34 años, hay otras historias en donde el amor se hizo presente.  Por ejemplo, la triatleta olímpica y medallista internacional Elizabeth Bravo está casada con su entrenador Francisco Tirado y tienen un hijo. La racquetbolista Verónica Sotomayor, múltiple campeona mundial infantil y prejuvenil, se casó con su adiestrador, el estadounidense Sudsy Monchik y tienen dos hijos. Ella colgó la raqueta.

Verónica Sotomayor se casó con su entrenador Sudsy Monchik y se alejó del racquetbol.
Foto: Tomada del muro de Facebook de Verónica Sotomayor.

Andrés Chocho, clasificado para los Juegos Olímpicos de Japón en las pruebas de 20 y 50 kilómetros, tiene como pareja a la andarina brasileña Érica Seña. Se conocieron en un Sudamericano del 2010, en Bolivia y empezaron a intercambiar mensajes por las redes sociales. Después viajó a una competencia en Brasil y dialogaron de cerca. Un año después, Sena llegó a entrenar en Cuenca y desde entonces viven juntos.

Andrés Chocho es entrenador y pareja de la marchista brasileña Érica Sena.
Foto: Tomada del muro de Facebook de Érica Sena.

Hay otros casos en el deporte azuayo. Las marchistas Johana Ordóñez (campeona de Juegos Panamericanos en 50 km) y Paola Pérez (campeona sudamericana en 20 000 m y tercera en Juegos Panamericanos en 50 km) están casadas con Henry Beltrán y Juan Matute, en ese orden, cuyos esposos fueron atletas. En el caso de Ordoñez, tiene dos hijas: Samantha y Tiffani, y actualmente se entrena en España con Francisco ‘Paquillo’ Fernández.

La marchista Paola Pérez es recibida con flores por su pareja Juan Matute, en el aeropuerto Mariscal La Mar de Cuenca.
Foto: Tomada del muro de Facebook de Juan Matute.

Existen otras experiencias que ocurrieron entre compañeros de prácticas, como la de los ex judocas Óscar Prado y Jenny Llivisaca, quienes contrajeron matrimonio después de 10 años de enamorados y entrenar juntos. Tienen dos hijos: Mateo y José David, quienes heredaron su pasión por el judo.

Hay historias innumerables a escala nacional, como la de algunos deportistas que se enamoraron, se unieron o se casaron, pero que luego se separaron. También existen parejas que prefieren mantener el anonimato de su relación. En cualquier caso, Feliz San Valentín a todos los enamorados o esposos.

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